En la cresta de la ola

Por Hugo Ysalguez

Mientras se acercan los días para las elecciones generales, el presidente Luis Abinader, mantiene un altísimo porcentaje en la preferencia de la población votante, y aún no se vislumbra un techo determinado en el grado de las simpatías políticas, pues cada día los indecisos y la llamada masa silente, manifiesta su inclinación a sufragar por la reelección del jefe de Estado.

En los anales de la República, no se registra un primer mandatario que genere una valoración tan alta, no solo en el país, sino en otros lares políticos, como en los países desarrollados y en las naciones de la región, convirtiéndose en un paradigma a seguir por la exitosa conducción de las políticas públicas y el manejo prudente frente a las provocaciones del vecino Haití, sumido en la peor crisis desde su independencia en el año 1804.

Abinader alcanzó esos niveles de prestigio por su lucha contra la corrupción gubernamental, el desfalco de los fondos del erario, su tenaz combate al tráfico de drogas y por su notable transparencia en el manejo de la cosa pública, prendas asimiladas por los dominicanos que decidieron no volver atrás y sepultar la opacidad y los tejidos adiposos de la corruptela en todos los estamentos del Estado.

Dinamizar la economía hasta el punto de lograr el índice de crecimiento más alto de Latinoamérica y el Caribe, disminuir los niveles de pobre, reducir la tasa del desempleo, aumentar la seguridad ciudadana, constituyen algunos eslabones del conjunto de logros que puede exhibir el actual gobierno, sin olvidar los centenares de obras de infraestructuras diseminadas por toda la geografía nacional.

Abinader, un estadista frugal y austero, protector del decoro y la dignidad de la Patria, se encamina a una victoria aplastante en las urnas, y nos atrevemos apostar que agotará su próximo período lleno de gloria, y cuando abandone el Palacio Nacional, tendrá un porcentaje positivo, más alto que el presidente estadounidense, Barack Obama, amado y querido por el pueblo norteamericano, y quien no retornó al poder por una prohibición legal que solo permite una sola reelección.

Así las cosas, ahora mismo hay una esperanza latente de que el gansterismo y el latrocinio, serán hechos trizas por vía del voto mayoritario de los inscritos en el padrón electoral, y escogerán el camino limpio, bordeado de la pureza que representa Luís Abinader, quien no usa un lenguaje político para denostar, injuriar y difamar, como lo hacen sus principales contenedores.

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